Siento muchas cosas entrando en la Puerta del Sol en un día más de la ejemplar acampada que se viene realizando desde el aciago día del desahucio de Mari Carmen.
No quiero ser un visitante más para curiosear por la acampada porque estoy experimentando una mezcla de inquietud, reconocimiento y cierta indignación, pero también de reflexión política.
Y llego por la puerta que cerró una presidenta cuyo nombre no quiero acordarme.
Hoy no he pensado en nuestros enemigos. Esta es la fiesta de solidaridad, sacrificio, empatía con las personas que padecen la extrema dificultad de acceder a una vivienda digna y los que sufren la angustia de saber que día les echaran de su vivienda.
Lo primero que vemos son decenas de tiendas y lonas que convierten el espacio público en un lugar de reivindicación.

Llevo varias semanas preparando datos, gráficos y comparando las políticas de Euskadi, España y Uruguay sobre vivienda y una cosa es analizar datos y otra muy distinta es encontrarte cara a cara con una realidad que pone rostro a ese debate.
La vivienda deja de ser una estadística cuando ves a las personas y las circunstancias que hay detrás. Los datos que hemos estudiado tienen ahora rostros humanos.
En Sol, no hay estadísticas. Hay personas que necesitan hacerse visibles porque sienten que sus dificultades no encuentran una respuesta suficiente.
Al contemplar la acampada, pienso también en la distancia que puede existir entre los discursos políticos, las medidas aprobadas y los resultados que experimentan las personas.
Las políticas deben juzgarse por sus resultados, no solamente por sus intenciones: cuántas viviendas asequibles generan, a quién llegan, cuánto esfuerzo económico exigen y cuántas familias consiguen evitar la exclusión residencial.
La acampada puede ser, en ese sentido, una interpelación a las instituciones. Pero también debería ser una oportunidad para preguntarnos qué soluciones funcionan y cuáles no.
Porque una vivienda no es únicamente un activo inmobiliario. Es estabilidad, intimidad, autonomía, convivencia familiar y pertenencia a un lugar.





